Viernes 21 de Julio de 2017

Brexit: frustración y populismo

Por: Gabriel Henríquez - 14-09-2016

“Muchos de los pobres votarán para empeorar sus vidas porque no creen que la vida pueda mejorar” Jamie Reed , Representante Laborista en el Parlamento Británico

Con el triunfo del voto Leave, que generará la separación del Reino Unido de la Unión Europea (UE), se sepultó, al menos a corto plazo, la posibilidad de una recuperación del dinamismo de la economía internacional. Se introdujo un elemento de incertidumbre que persistirá hasta que la salida de UK del bloque político se haya negociado, lo que debería suceder en 2019. Mientras tanto, otros países con populistas de derecha en el continente intentarán aprovechar la situación para reforzar la agenda de salida de sus propios Estados de la zona euro y/o la UE.

Los efectos inmediatos del Brexit fueron más o menos los presagiados por economistas durante la campaña. La economía internacional perdió US$2 trillones en valor el día posterior al referendo, las masivas ventas de libras desencadenaron una caída de la divisa a su nivel más bajo en 30 años y Moody bajó el rating de deuda del Reino Unido a “negativo”. El Economist Intelligence Unit calculó para el mediano plazo, antes del voto Brexit, que la libra caería entre un 14-15% frente al dólar, incrementando el desempleo y que el Reino Unido perdería su status como centro financiero. Los efectos del referendo, plantearon, se deberían sentir hasta el 2020 – año en el cual la economía sería un 6% más pequeña de lo que sería dentro de la Unión. La economía se contraería en 1% en 2017, la primera contracción anual desde el abismo de la crisis financiera en 2009 (comparable solamente a los efectos de la crisis de 1929).  (The Guardian, 15 de junio)

A más de un mes del Brexit existen serias probabilidades de que el 2017 efectivamente la economía caiga en recesión (Financial Times, agosto 2016)  de no existir algún tipo de respuesta fiscal para estimular la demanda.

El Bank of England (BoE) ha advertido, además, de riesgos importantes a la estabilidad financiera, al mismo tiempo que, en la práctica, inyectó £150 billones en préstamos para hogares y negocios al relajar los requerimientos regulatorios del sector bancario un par de semanas posteriores al referendo.

Mientras tanto, muchas decisiones económicas, en inversiones, construcción y mercado inmobiliario se han retrasado debido al referendo – y probablemente se reconsideren aún más. Aunque la posibilidad de recortar aún más la tasa de interés parecía cierta, el BoE decidió mantener el 0,5%. El gobernador del BoE, Mark Carney, señalaba que “Gran Bretaña ha entrado en un periodo de incertidumbre y ajustes económicos significativos”. Si la situación era delicada en el contexto de la austeridad, las consecuencias del voto Brexit complicarán aún  más a la economía británica, impactando incluso en la influencia internacional de Londres, particularmente en asistencia y desarrollo internacional, donde se reducirán los fondos en proporción al declive económico.

De acuerdo a la firma de ratings Fitch, el Brexit tendrá, además, efectos negativos en educación superior y en asociaciones ligadas al NHS (National Health System). En lo primero, se verán mermados los fondos en investigación provenientes de la UE, dificultando la retención de talento y la colaboración con instituciones europeas. Respecto al NHS, que ya tiene un déficit de personal de 50,000 personas, verá dificultada la mantención de 55,000 de los 1.3 millones de trabajadores provenientes de la UE que refuerzan al Servicio. Las investigaciones en salud también se reducirán, al dificultarse la colaboración con instituciones del continente. (The Guardian, julio 2016).

Londres como (ex) plataforma financiera de la UE

Londres hoy es el principal centro financiero europeo, además de acoger las oficinas centrales de muchas empresas, incluyendo los bancos y las compañías financieras internacionales más importantes. Cerca de 40% de las principales 250 firmas del mundo tienen oficinas en Londres, le sigue París con un lejano 8%. Esto en el contexto de que la Unión Europea es el principal mercado global con cerca de 500 millones de personas.

Sin embargo, las compañías que usan a Londres como puerta de acceso a la UE deberán repensar su estadía en el Reino Unido. Los bancos con licencias en la isla deberán adquirir una nueva licencia del país en europeo en el cual se establezcan para hacer negocios en el mercado único. Más relevante aún, en lo que respecta a pagos internacionales, la liquidación de transacciones denominadas en euros deberán moverse a la zona euro. El Brexit facilitó la ambición del Banco Central Europeo (BCE) el cual, hasta un dictamen de rechazo de la Corte Europea de Justicia en 2015, pretendía que las transacciones en euros se efectuasen sólo en la zona euro. (The Globe and Mail, julio 2016)

Cerca de la mitad de la actividad de los bancos de inversiones europeos se realiza en Londres, donde se transan más de dos veces la cantidad de euros que en todo el bloque continental.

El atractivo de Londres por individuos con alta calificación, destinados a universidades y/o al mercado laboral, será más limitada si las normas migratorias son endurecidas aún más. Ya bajo los dos gobiernos conservadores se colocaron cada vez más limitaciones al trabajo de inmigrantes altamente calificados, por obra principalmente de la actual Primer Ministro Theresa May (The Atlantic, julio 2016).

Se calcula que, al menos en lo que respecta a servicios financieros, unos 70.000 a 100.000 trabajos se perderán en Gran Bretaña. Frankfurt y Luxemburgo parecen ser los lugares de relocalización ideales. En el ultimo pequeño país, me comentó un miembro del Banco Central, previo al Brexit, que no dejan de sentirse incómodos ante una avalancha de empresas que desearían mudarse, pues el Banco debería incrementar sustancialmente sus capacidades de monitoreo y fiscalización – sin contar el espacio físico, ya limitado en la ciudad.  De hecho, sin considerar el Brexit, ya está en construcción una ampliación inmobiliaria en las afueras de la capital para la instalación de diversas compañías. Con Brexit ya es todo más caótico.

Para darle tintes pintorescos a lo anterior, los franceses tardaron poco en movilizarse para ofrecer su territorio para la instalación de empresas financieras, una ambición de larga data, entendida también como una necesidad ante la débil situación económica interna.

Populismo, miedo y frustración

Para comprender el resultado del referendo hay que entender la campaña respecto a este. Como sabemos, se enfrentó el Leave, compuesto principalmente por el UKIP, partido por la independencia de Reino Unido, más un grupo clave de conservadores, los más relevantes Michael Gove y Boris Johnson, que clamaban por la recuperación de soberanía desde la UE, sea culpándola de la situación económica interna, de los flujos masivos de inmigrantes del Este de Europa, o culpando a la regulación de la UE de trabas económicas del Reino (particularmente en las áreas ambiental y laboral).

Los Brexiters se dedicaron a torcer la imagen de la Unión y a ofrecer propuestas populistas que nunca tuvieron asidero real. Por ejemplo, que los 350 millones de libras que el Reino envía a Bruselas todas las semanas, serviría para financiar el NHS – algo descartado por Farage y otros líderes conservadores. La promesa de cortar la inmigración tomando “el control de las fronteras” – esta no se “cortará” finalmente.

Boris Johnson garantizaba “acceso al mercado único, mientras los británicos podían viajar y vivir donde quisieran en Europa”, mientras se podía tomar control de la política migratoria, algo risible al entender que la UE no querría nada a cambio (Newstatesman, junio 2016).

Los Remainers, fueron transversales al establishment político británico, desde Laboristas hasta Conservadores. Principalmente argumentaron que la situación afuera de la UE sería peor económicamente, habría pérdidas de los beneficios que otorga la unión y afectaría incluso a los británicos que estudian o trabajan en el continente. A esta campaña se le denominó Project Fear, dada la estrategia de disuadir por intereses económicos el alejamiento de la UE.

Sabemos que, a diferencia del referendo de Escocia, la economía no fue un factor relevante para la mayoría de votantes. Cabe entonces la inquietud de saber ¿quién votó Leave?

El voto Leave

Días antes del referendo una mitad de las encuestas deba ganador por un estrecho margen a brexiters y remainers (Bloomberg, junio 2016) . El resultado final fue 52% para Leave y 48% para Remain, notablemente en Inglaterra y Gales. Aunque Escocia e Irlanda del Norte votaron 62/38 y 55,8/44,2 a favor de Remain, respectivamente.

El voto Leave fue examinado por el experto electoral Simon Hix. Lo siguiente se basa en los datos de la siguiente presentación y otras fuentes (LSE, 2016).

Los datos indican que, en primer lugar, en términos regionales, las áreas rurales de Gran Bretaña, Gales y pequeños pueblos votaron predominantemente Leave, mientras que Londres, ciudades universitarias y áreas cosmopolitas votaron por Remain. (BBC, junio 2016).

Fuente: EU Referendum – The Result in Maps and Charts (http://www.bbc.com/news/uk-politics-36616028)

Respecto al perfil de ingresos de los votantes, dentro de los segmentos más pobres la propensión a votar Brexit fue 64% contra un 26% para Remain. Mientras que en los más ricos fue un 57% para Remain y un 43% para Brexit.

Examinando el perfil de las 20 autoridades locales más comprometidas con cada campaña, en el campo Leave un 16% tenía un diploma universitario, un 5% eran “no blancos”, y el salario medio era 18.000 libras. El contraste con las autoridades del Remain que en un 45% tenían un diploma universitario, 26% eran no blancos y con un salario medio de 27.000 libras.

Fuente: Simon Hix. After the EU Referendum. What Next for Britain and Europe?

Otra dimensión relevante es identidad, donde un 79% de los encuestados que se declararon ingleses, no británicos, votaron por Brexit, contra un 21% de Leave. Quienes se declararon mayoritariamente británicos, votaron en un 60% por Remain, contra un 40% de Leave.

En términos de edad el voto Remain fue mayoritario de 18 a 34 años, mientras que Leave lo fue en los cohortes de 55 a más de 60 años. Sin embargo, la asistencia a votar en los segmentos más jóvenes fue bastante baja. Del total de jóvenes menores de 24 años, 9% votó Leave, 27% Remain, pero un 64% no acudió a las urnas. Por tanto, si bien el votante de más edad votó mayoritariamente Leave, el votante joven fue cómplice de ese resultado al no presentarse a a las urnas.

Fuente: Lord Ashcroft Polls

De las 30 áreas con más población de adultos mayores, 27 votaron Leave y de las 30 áreas con menos graduados universitarios 28 votaron Leave.

Así, es fácil entender que el voto Leave fue un voto de castigo a la élite política británica, tanto Conservadora como Laborista. Entendida esta como un grupo transversal, cosmopolita y pro-globalización (o pro-EU, si se quiere). Los votantes pueden agruparse en un perfil identitario fuertemente inglés (en contraste con lo británico y la heterogeneidad que conlleva), ingresos relativamente bajos y educacionalmente poco instruidos.  

Es por tanto una mezcla de factores socioeconómicos y culturales que explican el triunfo del Leave, lo que junto a propuestas programáticas irreales – pero sensibles al electorado - jugaron un papel preponderante en el resultado del referendo.

Los grandes damnificados del voto Leave fueron efectivamente los dos principales partidos. David Cameron debió renunciar al Ejecutivo, provocando un Juego de Tronos en la dirigencia Tory para reemplazarlo. Boris Johnson terminó fuera de la carrera de Premier, y aunque ingresó al gabinete como Ministro de Asuntos Exteriores, al día siguiente fue humillado por Europeos y Norteamericanos hacia cuyos líderes muchas veces expresó desatinadas declaraciones. (The Guardian, julio 2016)

Jeremy Corbyn en el Laborismo hasta hoy es victima de una segunda carrera por el liderazgo, mientras el quiebre entre la izquierda y derecha del partido es cada vez más notorio.

Como nota John Lanchester, “estamos acostumbrados al análisis político de clases…lo que llama la atención si se viaja a diferentes partes del país es, sin embargo, que la principal realidad de Gran Bretaña moderna no es tanto la clase como la geografía. La geografía es el destino. Y para muchos en el país, no es un destino feliz”. (London Review of Books, julio 2016). Si bien las tasas de desempleo no son altas, frecuentemente los trabajos en regiones rurales son poco satisfactorios, inseguros y de baja renta. No provocan lo que los trabajos de la generación anterior brindaba: un sentido de identidad, de comunidad o de auto-valoración. El sector industrial británico aún es relevante, ocupando un 10% de la economía (desde un 25%), pero a pesar del incremento de servicios de bienestar ofrecidos por gobiernos laboristas, en lo global nunca hubo plan para reemplazar a la vieja industria, de re-entrenar a sus trabajadores e intervenir zonas geográficas; todo quedó en manos del todopoderoso mercado.

En ese contexto la insatisfacción aumentó a través de los años, se amplificó con la crisis del 2008 y se acentuó debido a la política austeridad de los gobiernos conservadores. Luego, el “recuperar el control” (take back control) articulado por los Brexiters sí resonó con el votante rural, en cuyo mapa mental tanto Laboristas como Conservadores ofrecen económicamente programas similares: precarización laboral, reducción de provisiones estatales y flujos de inmigrantes mayoritariamente con media y alta calificación crearon las condiciones para la rebelión contra Londres.

El escenario político en Gran Bretaña hoy es confuso y preocupante. En términos sencillos, “los Tories son una coalición de nacionalistas, que votaron Leave, e intereses empresariales, que votaron Remain; el Laborismo es una coalición de liberales urbanos, que votaron Remain, y de la clase trabajadora, que votó Leave” (London Review of Books, julio 2016). El UKIP, por otra parte, no tiene más que ofrecer que un “no”, las propuestas más llamativas de la campaña han sido vergonzosamente descartadas, mientras los Brexiters no tienen absolutamente ningún plan para enfrentar la salida de la UE (The Guardian, agosto 2016).

Lo que es claro es que una vez concluida la salida de la UE, Gran Bretaña terminará disminuida económica y políticamente. Sin contar la posible secesión por parte de Escocia. 



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