Martes 17 de Octubre de 2017

Venezuela: ¿hasta cuándo durará el salvavidas petrolero?

Por: Fátima Chirinos Alva - 11-08-2017

Luego de que el pasado 16 de julio se llevara a cabo lo que muchos han denominado “el acto de mayor resistencia cívica” – en el que 7,6 millones de personas se pronunciaron en rechazo de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) – la comunidad internacional se manifestó en apoyo a la mayoría, a la restauración del hilo constitucional y una salida pacífica del actual conflicto político que vive Venezuela.

Entre los países que se pronunciaron vale la pena mencionar a Estados Unidos. El presidente Donald Trump emitió un comunicado en el que señalaba que de instalarse la ANC el 30 de julio, el país del norte tomaría “fuertes y abruptas acciones de carácter económico”.

Tales advertencias fueron ignoradas por el gobierno de Maduro, y el pasado 30 de julio se llevó a cabo el proceso electoral para instalar la ANC, lo cual ha provocado, de manera inmediata, un amplio rechazo a nivel internacional. Por esta razón, vale la pena preguntarse: ¿Y ahora qué pasará?, ¿se concretarán las sanciones económicas señaladas por EEUU?, ¿cuáles serían las consecuencias? Para ello, en lo que sigue revisaré cada una de estas preguntas.

Consecuencias de las sanciones por parte de la comunidad internacional.  

Ya el 17 de julio, la Casa Blanca anunciaba que si el gobierno venezolano seguía adelante con la ANC escalarían significativamente las sanciones. En particular, se planteó que se podrían implementar sanciones a la industria petrolera venezolana, entre las que resaltan: de orden financiero a Petróleos de Venezuela, S.A (PDVSA), limitaciones a firmas estadounidenses de hacer negocios con PDVSA, la prohibición de la exportación de crudo liviano y productos de EE.UU. a Venezuela y la prohibición de importaciones de crudo venezolano por parte de Estados Unidos.

En detalle, las sanciones financieras inhabilitarían el uso de sistema de pagos estadounidense por parte de las empresas petroleras venezolanas, impidiéndoles realizar transacciones en dólares. Dicha prohibición traería grandes consecuencias a PDVSA, puesto que es dicha empresa la que cotiza la mayor cantidad de dólares que recibe el país, afectando sus ventas, compras y contrataciones; además de dificultar los pagos de los compromisos adquiridos vía deuda.

Está claro que, en una economía como la venezolana – en la que se debate entre honrar los compromisos externos o financiar un nivel políticamente aceptable de importaciones – algún tipo de sanción sobre el importe petrolero y, en consecuencia, sobre la fuente primordial de ingresos en divisas del país, implicaría un impacto negativo de corto plazo, tanto para el Gobierno como para la ciudadanía.

En el gráfico 1 se muestra que la evolución de las exportaciones petroleras hacia EE.UU. presenta una tendencia decreciente desde 1998, mientras que las importaciones han tenido un comportamiento creciente a lo largo de los años.

Gráfico 1. Evolución de las exportaciones e importaciones venezolanas de petróleo hacia EEUU

Fuente: EIA, las cifras de 2017 son un promedio hasta mayo.

En detalle, EE.UU. exporta entre 100.000 y 200.000 barriles diarios (bd) a Venezuela en productos y crudo ligero e importa unos 720.000 bd de crudo pesado (fundamentalmente). De esta manera, prohibir las exportaciones estadounidenses a Venezuela forzaría a PDVSA a importar productos refinados de Europa o Asia, lo cual conllevaría a que la producción de crudo extra-pesado dejaría de ser rentable: en ambos en ambos continentes los diluyentes son más costosos. Por su parte, si se prohíben las importaciones de EE.UU. desde Venezuela, Citgo, el principal comprador de petróleo venezolano en EE.UU., se vería afectado en sus refinerías, mientras que EE.UU. tendría dificultades a obtener crudo pesado desde otras latitudes.

Por su parte, Venezuela también tendría más problemas encontrando compradores para refinar todo ese petróleo pesado, aunque es posible vender una buena porción en Asia: China e India se vislumbran como posibles compradores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, de comerciar con estos países, Venezuela tendría que ofrecer condiciones muy favorables para competir con el petróleo pesado del Golfo Pérsico, lo que reduciría el margen de ganancia debido a los altos costos de transporte.

Quizás por esta razón es que el país norteamericano no ha dictado – hasta ahora – ningún tipo de sanción económica a PDVSA.  Es probable que la administración de EEUU tome un enfoque más gradual, comenzando con sanciones individuales (como las que se anunciaron el pasado 31 de julio contra el presidente Nicolás Maduro) hasta económicas.

Las sanciones económicas aumentarían el riesgo de impago

Recordemos que entre junio y julio se llevó a cabo una operación de venta de bonos de PDVSA, con vencimiento en 2022, por parte del Banco Central de Venezuela (BCV), a Goldman Sachs. Esta transacción generó críticas al banco de inversiones, acusado de especular con la situación que se vive en el país caribeño, una jugosa transacción por “bonos de hambre” según el economista Ricardo Hausmann. 

Lo anterior reforzado por el riesgo de que se generen sanciones directas hacia PDVSA, complican aún más las opciones de financiamiento que han venido explorando las autoridades económicas, según Reuters (Finanzas Digital, 2017).

De efectuarse las sanciones, generarían el colapso de la ya debilitada PDVSA, la cual presenta severas limitaciones en su flujo de caja, lo que probablemente ocasione un default financiero que conllevará a que sea aún más difícil obtener nuevas fuentes de financiamiento o de canje para los activos existentes.

Cabe destacar que la caída continuada en el precio y producción de crudo, junto con la escasez de divisas – provenientes en su mayoría del mercado petrolero – aumenta la probabilidad de que se produzca un impago de los compromisos financieros por parte de Venezuela. En este sentido, de enero a mayo de 2017 las reservas internacionales han caído USD 80 millones, mientras que con respecto a mayo de 2016 ha sido de USD 1.551 millones, lo que representa una disminución anual de 12,77%. Estas cifras son observables en el gráfico 2.

Gráfico 2. Evolución de las Reservas Internacionales de Venezuela 2016-2017

Fuente: Banco Central de Venezuela (BCV)

En línea con lo anterior, y sumado a la crisis política que atraviesa el país, la probabilidad de que se produzca un impago en los próximos 12 meses aumentó a 62% en agosto de acuerdo con los análisis de Bloomberg (HSB Noticias, 2017).

Por su parte, las probabilidades de que se dé un evento de crédito en los próximos cinco años aumentaron a 95%, debido en gran medida a que se registró que las refinerías de PDVSA operaban alrededor del 43% de su capacidad en junio, según la misma fuente. Estos débiles niveles de producción dificultan respaldar cualquier tipo de acuerdo a los que se llegue con los tenedores de deuda para pagar con petróleo. Mientras que los bonos en dólares de PDVSA con vencimiento en noviembre extendieron su caída tras el anuncio y se negocian en 74,33 centavos por dólar.

Pese a todo esto, creemos que el gobierno venezolano mantendrá su voluntad a pagar, aunque eso conlleve al empeoramiento de la situación de escasez a muy corto plazo debido a la mayor necesidad de acumulación de recursos petroleros por parte de PDVSA para honrar sus compromisos de deuda.

¿Y qué sigue?

En este escenario es sencillo observar que la situación macroeconómica tampoco da visos de un aparente impulso diferente del que puede dar el petróleo. Lo anterior se debe principalmente a la amenaza inminente de una hiperinflación en el país. producto no sólo de la creciente impresión de papel moneda y de los constantes ajustes de salario, sino también del repudio absoluto de la moneda de circulación legal (en este caso el bolívar). Esta pérdida de confianza en la moneda local ocasiona que la población busque, por cualquier vía, deshacerse del activo que más rápidamente pierde poder de compra.

Muestra de ello es la tendencia cada vez más creciente que ha tenido la tasa de cambio paralela durante el 2017, y más aún en julio, que muestra el gráfico 3. Este comportamiento del paralelo responde no sólo a medidas económicas (aumento de la liquidez monetaria), sino también a incertidumbres políticas (como la ANC) que ocasionan que los ciudadanos prefieran refugiar sus ahorros y activos en una moneda más fuerte: el dólar.

Gráfico 3. Evolución de la tasa de cambio paralela 2017

Fuente: https://dolartoday.com/indicadores/

En este sentido, no es descabellado pensar que el Gobierno continuará con su política de aumentos en el salario mínimo para “combatir la inflación”, arrastrando a toda la escala salarial, pues una mayor frecuencia en los ajustes salariales representa un síntoma típico de aceleración inflacionaria. Al mismo tiempo, esto alimenta el proceso hiperinflacionario, debido a que las empresas financian estos incrementos salariales subiendo los precios de sus productos, mientras que el Gobierno lo hace directamente imprimiendo dinero.

Lo anterior, aunado a una contracción en el nivel de producción doméstica para 2017, da indicios de un deterioro generalizado en toda la economía para finales de año. Al respecto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó que las proyecciones sobre el nivel de actividad económica real e inflación para el 2017 fueron revisadas a la baja, mostrando una caída más profunda del PIB de 7,4%. Mientras que para el 2018, estima que el PIB venezolano seguirá cayendo en torno al 4,1%, y la inflación se ubicaría en 2.068%.

Más allá de lo alarmante de estas cifras, y de confirmarse las proyecciones del FMI sobre el desempeño del nivel de actividad económica real, para 2019 el país habría enfrentado su quinto año consecutivo en recesión, algo nunca visto en la historia contemporánea del Venezuela y de la región.

Dados estos factores podemos decir que el modelo económico post-bolivariano requerirá tomar en cuenta todas las distorsiones registradas durante estos años, a saber: el mal manejo de la política económica, la ausencia de publicación de cifras macroeconómicas por parte del BCV y el control de las decisiones económicas por parte del Estado. Además, será fundamental la combinación de medidas a corto plazo para aliviar la situación de alimentos y medicinas con otras de ajuste macroeconómico que estabilicen la economía.

De momento, Maduro sólo puede comprar un poco de tiempo.



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